domingo, 29 de septiembre de 2013

Hoy: Las Pulperías...



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Vida en la campaña 

La pulpería

La pulpería era un centro de abastecimiento de vestuario, medicinas, herramientas, alimentos, objetos de uso cotidiano; también, un lugar de sociabilidad donde los pobladores se reunían a conversar sobre acontecimientos políticos, chismes y a realizar actividades de esparcimiento. Se las podía encontrar tanto en la ciudad como en la campaña. Los viajeros de la época describieron a la pulpería como una taberna donde acudía la gente de campo. Se trataba de un rancho con una sala principal y la trastienda, con paredes de adobe y techo de paja, piso de tierra apisonada o de ladrillo cocido. La entrada de la casa daba sobre el camino y tenía un cuadrado abierto en la pared, a veces protegido por barras de madera o hierro apoyadas sobre un mostrador, a través de la reja el propietario despachaba a los clientes. Éstos quedaban protegidos bajo un cobertizo. Detrás del mostrador, y apoyados sobre estantes, exhibían los productos que tenía a la venta. Algunas pulperías contaban con mesas y bancos en los que los clientes se sentaban en ocasiones a jugar al truco y a beber o a deleitarse con el sonido de una guitarra y los versos de algún payador. El palenque fue un elemento que caracterizó a la pulpería. Allí los concurrentes ataban sus caballos y, muchas veces, sin descender de ellos, tomaban unos tragos y conversaban con otros asistentes. Generalmente, en los alrededores del salón, el pulpero preparaba una buena cancha para carreras cuadreras. Durante la semana, los parroquianos realizaban apuestas y preparaban los caballos que correrían el domingo. Además, se realizaban riñas de gallos y se jugaba a la taba, a las bochas, al pato. El dueño del negocio se aseguraba así una importante concurrencia. Algunas pulperías eran visitadas por los hombres en busca de compañía femenina. Eran mujeres llamadas cuarteleras, porque se trasladaban con los soldados de frontera. Según relatos de viajeros, se las podía encontrar sentadas, fumando, tomando mate y peinándose mutuamente los cabellos hasta que sus encantos cautivaran a algún parroquiano. Se estima que la cantidad de pulperías registradas hacia fines del siglo XVIII era de 140 aproximadamente. Otro tanto existía sin que sus propietarios las hayan registrado, como una forma de evadir impuestos. El conjunto de pulperías diseminadas en la campaña bonaerense constituyó una importante red de comercialización que incluyó hasta los lugares más inhóspitos. El pulpero fue un intermediario -sobretodo de cueros- entre pequeños y medianos productores rurales y los grandes comerciantes exportadores. El pulpero es caracterizado en diversos escritos como hombres mal entrazados, toscos, de poca instrucción; sin embargo, investigaciones realizadas en los últimos años los coloca formando parte de los sectores medios que poblaban la campaña, con posibilidad de acceder a una vivienda de varias habitaciones, mobiliario confortable, vestimenta austera, algunos incluso podían tener esclavos y propiedades rurales.


Disposiciones referidas a las pulperías dadas por el Virrey Nicolás Antonio de Arredondo


1. No permitirá en su casa personas vagas ni malentretenidas que conociere sin oficio lícito destino dará noticia al Alcalde de Barrio.
2. No abrigará tampoco, ni favorecerá directa e indirectamente a hijos de familia que anden fugitivos de sus Padres, ni a los esclavos huidos de sus Amos, sino entre tanto que dan a sus Padres, Amos o Justicia correspondiente aviso, pena de cincuenta pesos y de pagar su valor al dueño y el esclavo sufrirá cien azotes, y seis meses de cadena.
3. No consentirá junta de gentes, guitarras, juegos de naipes ni otro alguno aún de los permitidos por Reales Pragmáticas ni mucho menos que haya corrillos a su puerta pena de diez pesos al pulpero, al esclavo de cincuenta azotes y a cualquiera otra persona de veinte días de cárcel.
4. No dará fiado a los hijos de familia, criados no esclavos, pena de perder lo que fiasen ni admitirá ventas, o empeño de prendas, ni alhajas sin que el legítimo dueño autorice al vendedor con un papel firmado de su mano.
5. No venderá los comestibles ni demás efectos a precios inmoderados sino a los corrientes, y si se excediere de los señalados cometiendo usuras en las ventas, por la primera vez será multado en diez pesos, por la segunda en veinte y a la tercera se le cerrará la pulpería aplicándosele las penas a que hubiese lugar conforme a derecho, sobre que se estará muy a la mira por el Fiel Executor y el Alcalde de Barrio.
6. Cerrará la pulpería a las diez de la noche en invierno y a las Once en Verano.
7. Luego que obtenga este permiso lo presentará al Alcalde de Barrio a fin de que tome razón para él para su gobierno y lo fixará en una tablilla a uno de los lados del mostrador para que puedan leerse estas prevenciones y tenga su debida observancia.

Buenos Aires de mil setecientos noventa Adaptado de Acuerdo del Cabildo del 20 de julio de 1804.


La pulpería fue un clásico de la cultura argentina durante muchos años. Definirla como algo específico sería un error, ya que consiste en varias cosas, y a la vez a una sola: una pulpería. La pulpería fue el lugar de encuentro de muchos gauchos, y es el día de hoy que en la lejanía de las grandes ciudades lo sigue siendo. Por allí pasaron personajes históricos y no tan históricos; allí se jugó a los naipes y dados, se realizaron payadas; se pelearon a cuchillazos cuando el alcohol en sangre era demasiado… en fin, mucho pasó en las pulperías… Para aquellos que quieran descubrir que es una pulpería o como fue, todavía están a tiempo de visitar alguna de las que quedan a lo largo de las rutas de Buenos Aires, y así sentirse como en aquellos tiempos, mientras disfruta de un rico trago, un vermut, un buen estofado o unas empanadas sin igual… Algunas famosas fueron:
La Blanqueada: ubicada en las afueras de San Antonio de Areco, parte de esta pulpería se ha convertido hoy en museo, y fue allí donde el famoso Don Segundo Sombra se batió a duelo.

Los Ombúes: Ubicada a 18 Km. de Exaltación de la Cruz, esta pulpería tiene dos siglos de historia. Aquí se vivieron ejecuciones, carreras de sortija, peleas de gallos, y tantas otras andanzas que hoy parecen casi inimaginables. En la actualidad, Elsa es la que se encarga de atender esta pulpería, y por supuesto, detrás de las rejas.
La Colorada: Este lugar puede divisarse de lejos, y ya se imaginará el color de sus paredes. Erigida en 1893, fue por los caminos circundantes que pasaron los presidentes Bartolomé Mitre y Domingo Sarmiento.
El Recreo: esta pulpería hoy en día funciona como museo. Aquí podrá ver las estanterías originales, los objetos de época y absorber toda la historia que este lugar tiene. Esta pulpería fue uno de los primeros almacenes de ramos generales que tuve teléfono en el área, y con ello, fue mucha la gente que pasó por allí y muchos los servicios que se prestaron.
El Torito: Este lugar fue inaugurado en 1880, y varios años después se abrió el Club Atlético el Torito. Fue aquí donde, además de que hayan pasado personajes históricos de la historia argentina, se vivieron todo tipo de sucesos, bailes, juegos, demás.
Pulpería de Cacho: Ubicada en Mercedes, esta Pulpería conserva la fachada de 1830. Aquí, su pulpero Roberto “Cacho” Di Catarina le servirá y le sabrá contar a cerca del lugar y su historia, ya que el mismo, al igual que su madre y abuelos nacieron allí.
Estos pedacitos de historia sólo son una partecita de tantos buenos recuerdos acuñados a lo largo de los tiempos. Ojalá les haya gustado. Hasta la Próxima.

Imágenes y texto extraídos de Internet

viernes, 20 de septiembre de 2013

¡Feliz dìa de la Primavera!

¡Qué el amor invada vuestros corazones y los llene de dicha y felicidad y que esta Primavera derrame sobre sus vidas abundantes flores de alegría, salud y prosperidad!



Gif animados y fotos extraídos de internet

sábado, 7 de septiembre de 2013

Un viaje desde la vocación y el amor


William Case Morris (1864-1932)



"Pasaré por este mundo una sola vez. Si hay alguna palabra bondadosa que yo pueda pronunciar alguna noble acción que yo pueda efectuar, diga yo esa palabra, haga yo esa acción AHORA, pues no pasaré más por aquí...".


William C. Morris nació en Cambridge, Inglaterra, el 16 de febrero de 1864.
Al fallecer su madre cuando él tenía sólo cuatro años, su padre y sus tres hermanos viajaron a América, y en 1873 se radicaron en una zona rural de la provincia de Santa Fe, Argentina.
Conoció las penurias económicas, pero eso no le impidió desarrollar su amor por la lectura, lo que lo convirtió en un autodidacta.
En 1886, ya con 22 años, se mudó a Buenos Aires, donde en la zona del puerto comenzó a ganarse la vida pintando barcos. 
El barrio de La Boca por ese entonces, era un conglomerado plagado de conventillos, inmigrantes pobres, desilusionados, y de niños que no tenían más perspectiva que la de mayor pobreza, promiscuidad y delincuencia. 
Este cuadro de terrible indigencia movilizó a Morris y con el poco dinero con que contaba alquiló un pequeño conventillo y abrió un humilde comedor para los niños.
En 1898 alquiló  una casa en el barrio de Palermo y continuó la obra que había iniciado años antes. Se acercó a los niños pobres de la calle, les dio higiene, ropa y calzado. Y hecho esto, empezó el verdadero y más importante objetivo: brindarles amor y educación. 

Fundó una escuela gratuita para niños varones que pronto llegó a tener 220 alumnos, y una de niñas que llegó a tener cerca de 200. Al poco tiempo abrió una tercera escuela, y para 1899 sus alumnos ya se contaban en 600.

El 29 de mayo de 1925 fundó el "Hogar El Alba" para niños huérfanos y desamparados. 



El Hogar El Alba es la obra social de Morris de mayor envergadura.
En 1932, año de la muerte de William Morris, albergaba a 350 huérfanos.
Localizada en Longchamps, provincia de Buenos Aires, sigue cumpliendo una importante misión: alberga a 60 chicos de entre 5 y 21 años y tiene un novedoso programa educativo, que incluye clases de cocina y hasta un tambo donde además de la leche se obtienen queso y ricota.
Actualmente la mayoría de los niños son derivados al lugar por situaciones de abuso o maltrato.
En todos los casos cumplen con la escolaridad primaria y secundaria.
La tarea desempeñada es magnífica por lo que resulta difícil relatar desde aquí toda la vida del filántropo. Sugerimos a quien se sienta interesado, pueda conocer más de él, informándose fácilmente desde Internet. http://www.hogarelalba.com/index.php?option=com_content&view=article&id=69&Itemid=59

Esta breve introducción a la vida de William Morris, es simplemente para argumentar la visita hecha al Hogar El Alba por alumnos de la segunda rotación de Pediatría del Hospital General de Niños Pedro de Elizalde, y a quienes acompañé como docente.
Luego de haber observado en las clases de Pediatría algunos casos de maltrato infantil, los alumnos se interesaron por conocer algún lugar que albergara a esos niños.
Hasta allí fuimos el pasado 26 de julio, y además de reconocer que la experiencia será inolvidable, lo conocido nos estimula a seguir por el camino de alguien que predicó con el ejemplo.



Los alumnos queremos compartir humildemente la experiencia que pudimos vivir desde ese lugar. 
Durante la cursada, en Consultorios Externos tuvimos la oportunidad de recibir a una niña que, por motivos de maltrato infantil, estaba alojada en un lugar llamado Aldeas Infantiles.
Ahí nació la curiosidad nuestra acerca de lo que significan esos lugares y gracias a la iniciativa de unos cuantos y al empuje de la docente, Dra. Irma Passarelli, se pudo realizar una visita a un Hogar de Niños: el Hogar El Alba, donde fuimos recibidos con tanta amabilidad, que nos sorprendió.



Los chicos... ¨unos genios !¨ llenos de amor y picardía sana. Esos locos bajitos diría Joan Manuel Serrat, que nos iluminan el alma con su sencillez y pureza.
El personal de la institución irradiaba felicidad, pero la misma volvía duplicada de la mano de los niños.
Gran labor la que desarrollan allí: qué bueno que exista gente como la que conocimos ese día. 



En la cocina con el cocinero
Una experiencia más que grata, una experiencia para no olvidar jamás... y para repetir... siempre!  



Para muchos fue la primera fuera del ámbito hospitalario, el poder compartir con los niños sin un ambo y un estetoscopio. Ir simplemente a estar con ellos y conocerlos un poco, dejando de lado por un momento el conocimiento científico y la necesidad ávida que tenemos de realizar las prácticas médicas.

Fue muy lindo para el crecimiento grupal y personal.
Además de gustarnos el lugar, porque es muy amplio, con mucho espacio al aire libre y lleno de vegetación, mantenemos la esperanza de continuar con la experiencia, realizando lo que tanto nos gusta, que es asistir a los niños como una forma de Servicio, sea en ese Hogar ó donde vayamos la próxima vez.
La actividad nos nació del corazón para poder hacer algo diferente y también para compartir entre nosotros, que muchas veces entre libros y “choices” de Pediatría, no nos es posible.


Muchas gracias a Leandro Del Arco, quien gentilmente nos llevó en su vehículo desde la estación Constitución hasta el Hogar, y quien también disfrutó con nosotros la alegría de la visita.



Parte del tambo, lugar para el ordeñe


Una de las casas donde viven los niños


Panadería

Sala de informática

Dando y recibiendo amor




En la biblioteca

Gracias a Gerónimo y a Gustavo, quienes prepararon estos hermosos regalitos para los niños 

Abriendo los regalitos

Compartiendo con los chicos


Los rostros llenos de alegría
Muchas gracias también a este blog de la Casa Cuna, por permitirnos compartir esta experiencia.


Saludos cariñosos de los alumnos de Pediatria de la segunda rotación 2013, en el Hospital Elizalde, lugar de donde llevaremos por siempre el mejor de los recuerdos.