sábado, 20 de abril de 2013

"Eternamente Beethoven"



Ludwig van Beethoven (Bonn, actualmente Alemania, 1770 - Viena, 1827) Compositor alemán. Nacido en el seno de una familia de origen flamenco, su padre, ante las evidentes cualidades para la música que demostraba el pequeño Ludwig, intentó hacer de él un segundo Mozart, aunque con escaso éxito. La verdadera vocación musical de Beethoven no comenzó en realidad hasta 1779, cuando entró en contacto con el organista Christian Gottlob Neefe, quien se convirtió en su maestro. Él fue, por ejemplo, quien le introdujo en el estudio de Bach, músico al que Beethoven siempre profesaría una profunda devoción. Miembro de la orquesta de la corte de Bonn desde 1783, en 1787 Ludwig van Beethoven realizó un primer viaje a Viena con el propósito de recibir clases de Mozart. Sin embargo, la enfermedad y el posterior deceso de su madre le obligaron a regresar a su
ciudad natal pocas semanas después de su llegada.
 
 
 
 
 
En 1792 Beethoven viajó de nuevo a la capital austriaca para trabajar con Haydn y Antonio Salieri, y se dio a conocer como compositor y pianista en un concierto que tuvo lugar en 1795 con gran éxito. Su carrera como intérprete quedó bruscamente interrumpida a consecuencia de la sordera que comenzó a afectarle a partir de 1796 y que desde 1815 le privó por completo de la facultad auditiva. Los últimos años de la vida de Beethoven estuvieron marcados también por la soledad y una progresiva introspección, pese a lo cual prosiguió su labor compositiva, e incluso fue la época en que creó sus obras más impresionantes y avanzadas.
 
 
 
Obras de Ludwig van Beethoven La tradición divide la carrera de Beethoven en tres grandes períodos creativos o estilos, y si bien el uso los ha convertido en tópicos, no por ello resultan menos útiles a la hora de encuadrar su legado. La primera época abarca las composiciones escritas hasta 1800, caracterizadas por seguir de cerca el modelo establecido por Mozart y Haydn y el clasicismo en general, sin excesivas innovaciones o rasgos personales. A este período pertenecen obras como el célebre Septimino o sus dos primeros conciertos para piano. Una segunda manera o estilo abarca desde 1801 hasta 1814, período este que puede considerarse de madurez, con obras plenamente originales en las que Ludwig van Beethoven hace gala de un dominio absoluto de la forma y la expresión (la ópera Fidelio, sus ocho primeras sinfonías, sus tres últimos conciertos para piano, el Concierto para violín). La tercera etapa comprende hasta la muerte del músico y está dominada por sus obras más innovadoras y personales, incomprendidas en su tiempo por la novedad de su lenguaje armónico y su forma poco convencional; la Sinfonía n.º 9, la Missa solemnis y los últimos cuartetos de cuerda y sonatas para piano representan la culminación de este período y del estilo de Ludwig van Beethoven. En estas obras, Beethoven anticipó muchos de los rasgos que habían de caracterizar la posterior música romántica e, incluso, la del siglo XX. La obra de Ludwig van Beethoven se sitúa entre el clasicismo de Mozart y Haydn y el romanticismo de un Schumann o un Brahms . No cabe duda que, como compositor, señala un antes y un después en la historia de la música y refleja, quizá como ningún otro –a excepción de su contemporáneo Francisco de Goya–, no sólo el cambio entre el gusto clásico y el romántico, entre el formalismo del primero y el subjetivismo del segundo, sino también entre el Antiguo Régimen y la nueva situación social y política surgida de la Revolución Francesa. Efectivamente, en 1789 caía La Bastilla y con ella toda una concepción del mundo que incluía el papel del artista en su sociedad. Siguiendo los pasos de su admirado Mozart, Ludwig van Beethoven fue el primer músico que consiguió independizarse y vivir de los encargos que se le realizaban, sin estar al servicio de un príncipe o un aristócrata, si bien, a diferencia del salzburgués, él consiguió triunfar y ganarse el respeto y el reconocimiento de sus contemporáneos.

Ojalá les guste tanto como a mi. Hasta la próxima.



Imagen y texto extraídos de internet.

 
 

lunes, 1 de abril de 2013

Historias con sabor a Fe

 
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"Quiero ver a Dios"

Un filósofo le inquirió a un Sabio Maestro ver a Dios.
Dios no existe realmente, le reafirmó, es un invento de la religión.
Si de verdad Es y Está, muéstramelo.
El Maestro le preguntó: ¿Pero podrás soportar su mirada?
El filósofo sonriendo le asintió con la cabeza.
El Maestro le dijo primero mira directamente el Sol por 10 minutos.
El filósofo dijo que le dañaría los ojos.
Entonces, ¿Cómo podrás ver a Dios si ni siquiera puedes ver a una de sus pequeñas creaciones? ___________________________________________________________________
"La belleza interior es lo más valioso, pero no siempre lo sabemos apreciar"


Se cuenta de una hermosa princesa hindú que era una mística. Su vida era la meditación.
Pero, todos andaban tras su belleza física.
Ella deseaba a un hombre que también amara su belleza interior.
Un día se presentó ante su padre, el rey, uno de los principales personajes de un reino vecino y de gran influencia en la zona, así como de gran poder económico y pidió conocer a la princesa, cuya fama se había extendido a grandes distancias.
El galán era también apuesto e impactó en la princesa, pero ella le mencionó que solo aceptaría a una persona que tenga cualidades espirituales ya que la belleza era algo pasajero.
Este le mencionó que  le interesaba su belleza interna y que deseaba desposarla.
Entonces, la princesa le pidió que la viera en 15 días más para darle la respuesta.
Durante este lapso, la princesa se sometió a una dieta rigurosa, acompañada de purgantes que la obligaban a evacuar los intestinos mas de lo normal.
Comenzó a adelgazar extremadamente, los ojos se le hundieron y los huesos se unieron a la piel. Asimismo, guardaba las evacuaciones en un cofre de oro.
Pasado el tiempo pedido, el pretendiente llegó a la cita y ella lo esperaba.
Al verla, pidió que le avisara a la princesa de su llegaba. La princesa  trataba de convencerlo que era ella misma y no lo conseguía. Hasta que logró hacerlo.
Allí le dijo que aun le parecía hermosa, claro, sin convencerse del todo.
La princesa afirmó que la belleza era transitoria y que la materia al transformarse podía convertirse en algo horrible, la esencia de la belleza radicaba mucho mas allá de toda transformación.
El le respondió que no le importaba, que aun así la amaba.
Ahora, agregó la princesa, te voy a mostrar mi opuesto, por fuera un hermoso cofre de oro, pero dentro la belleza perdida. En este momento, le invitó para que vea en donde estaba su belleza enseñándole el cofre lleno de excrementos.
El apuesto caballero salió corriendo del escenario.
Aun ahora la princesa sigue esperando a quien se atreva ver su belleza interior. ¿Tú te atreves?
Toda la materia se descompone, aun la mas bella y fraganciosa. ♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥
 
 
Imágenes y texto extraídas de internet